Compartimos aquí una de las cartas que un compañero nos hace llegar desde la cárcel de Quatre Camins, en Barcelona. Es alguien que conocemos de hace bastantes años. Lo conocimos estando él preso, luego pudimos compartir un tiempo en la calle. Las circunstancias lo han llevado de nuevo al inframundo y después de tiempo, hemos recuperado el contacto. Sus palabras son el reflejo del sentimiento que se respira en las cárceles, de la importancia del vinculo con el exterior, del color que tienen los días en ese otro lado.
Centro Penitenciario Quatre Camins. Mayo 2026.
Me llenó de contento ver mi nombre en la lista de correos, pues solo espero carta tuya y de un hombre que conocí haciendo tránsito en Brians e hicimos buenas migas.
Resulta que cogí tu carta, me la guardé y me fui a la biblioteca del módulo para leerla tranquilamente. Mientras lo hacía me brotaron unas cuantas sonrisas de muy adentro. Cualquiera que me viese se daría cuenta de como cambiaba mi semblante, pues la mayoría del tiempo ando compungido por todo lo que se me viene encima y por lo que veo a mi alrededor.
Es admirable lo que hacéis. Si aquí dentro me pusiese a hablar de lo que defendéis y como pensáis, seria como hablar en chino o intentar vender marcos de puertas para el desierto. Ahora hay mucha gente joven, que viene arrasando con una arrogancia desmedida. No les importan estos asuntos, no les interesa nada que no sean cosas banales, conversaciones banales, deseos banales. Ha llegado un punto que ya ni me molesto en intentar abrir los ojos a nadie, para que se den cuenta de como a diario se están vulnerando nuestros derechos.
En este penal las condiciones en las que vivimos son lamentables, pésimas. Nosotros (me incluyo), también contribuimos a ellas. Por decirte algo, ni siquiera contestan las instancias con “favorable” o “desfavorable”. Las instancias desaparecen, se pierden. Un día se lo dije al educador y me dijo: -ya lo sé X, lo están haciendo mal- y se quedó tan pancho.
No queda casi nada de compañerismo, el respeto brilla por su ausencia y la PALABRA ya se quedó sin garantía hace muchos años. Pasan cosas que serían para plantarnos en el patio y negarse a subir a las celdas, para reivindicar mejoras, pero ya no quedan migajas de gente luchadora, no se si hay alguien en estas celdas.
Te voy a contar algo, solo un ejemplo, para que te hagas una idea. La pica de lavarnos las manos le rompieron la goma del desagüe. Por tanto el agua se sale y va a parar al patio, formando un enorme charco de agua sucia. Si quieren jugar a futbol, se inunda medio campo. Y son algunos presos los que con cubos lo limpian. Y así cada día.
Pienso en los permisos en si realmente tengo opción de llegar a ellos. Pero es que ¿donde voy a ir? ¿salir para volver a donde? Pienso en mi familia, las cosas no han salido bien. Solo una persona viene a verme, a escondidas del resto de la familia. Y siendo así, ¿qué sentimiento de “volver” tengo que tener? Cuesta encontrar fotos donde yo salga. Eso refleja lo poco que he estado allí, por unas cosas u otras. A mi habría que buscarme en los margenes de la ciudad.
Sí, mandame algún libro. Por lo menos el hábito de la lectura no me ha dejado. A veces estoy leyendo hasta dos libros a la vez. Ahora estoy acabando la trilogía de Alejando Magno. También me gustaría, si puedes, si me podéis hacer llegar alguna foto de las que hicimos el día que fuimos a comer al campo, y cuando estuvimos en aquel cuartel abandonado. Esos momentos para mi son y serán inolvidables, pues han sido de las cosas buenas que me han pasado. Las recuerdo y tengo buenas sensaciones, pues en mi trayectoria de vida pocas veces son las que he estado “normalizado” y no al margen. Son pocas las veces que he vivido lo cotidiano.
Bueno coleguilla, cuidate mucho e intenta mantener tu animo, que no decaiga.
Enigma









